Aunque puede abrir los ojos, no es capaz de emitir sonido ni mover músculo alguno, lo cual le genera una considerable sensación de angustia y de temor por estar sufriendo un episodio de una enfermedad grave. Por si fuera poco, al encontrarse en un estado de limbo entre el sueño y la vigilia, la persona suele padecer alucinaciones auditivas y visuales que generalmente coinciden en una intensa sensación de presencia y de movimiento en torno a su cuerpo indolente.
Las cosas se suelen poner rudas cuando sucede, aplicándole un trastorno extra... ¿conoces los riesgos de aquello? Dudando de la verdad que te rodea, experimentando, conociendo algo que nunca quisiste. Sorprendentemente suelo pensar que las cosas no pueden ponerse peor, cuando ya se están poniendo.